Una cuestión de Género.


Ask y Embla, los primeros humanos, el hecho que ambos estén hechos de árboles distintos habla sobre nuestras diferencias, aún así, ambos son árboles.

Durante el último año me he visto confrontado por varias cuestiones que van relacionado a este tema, por ello fui obligado a no solo trabajarlo en psicoterapia sino también en ponderar sobre ello durante mis ratos libres. La tarea aún no está completa, sin embargo considero que es tiempo de compartir en este espacio algunas de las ideas que han surgido al respecto, posiblemente estas cambien o pueda llegar a una explicación más completa, sin embargo, por el momento dedicaré algunos posts a la cuestión del Género y la relación tanto del hombre como de la mujer a su “otro”.

Una cuestión de Género.

Es peculiarmente fácil mencionar características biológicas que difieren a los hombres de la mujeres, debido a que tales diferencias son obvias al ojo humano cayendo más bien en una manera de definir al “macho” y a la “hembra” en la especie, sin embargo la verdadera tarea resultaría en poder explicar en qué consiste ser un “hombre” y “una mujer”- más que nada porque estas palabras poseen un trasfondo y peso cultural particular que han moldeado nuestro concepto sobre lo mismo. De ahí viene la división llamada genero, ya que la cultura y manera de ver a la realidad de un hombre posee diferencias palpables en relación a aquella de una mujer.

Si tomamos en cuenta que para Jung, la psique no posee genero definido en sus inicios, algo ocurre que propone toda esta segmentación cultural y esto inicia mucho antes que el infante nazca, desde el momento que inicia la expectativa de “un niño” o “una niña”, se inicia lo que se podría decir el aprendizaje del producto en su rol. Es decir, cuando los padres descubren que se trata de un niño, pintan el cuarto color azul, compran ropa y juguetes que se adecuen a su sexo e inician la tarea de nombrar y prever que será de él en un futuro, lo mismo ocurre cuando es niña por supuesto, cuarto rosa y muñequitas.

Detrás de toda esa preparación siempre estará el bagaje cultural heredado por los padres, la sociedad y por último toda la raza humana. Este varía según la locación pero siempre sigue ciertos patrones culturales importantes, se podría decir que, la cuestión de género y la división hecha sigue patrones “ancestrales” por no afirmar que es un hecho instintivo.

Todo ello culmina en algo que podríamos ver como una cebolla, las capas externas serían las individuales, aquello que he aprendido de mis padres y familiares cercanos sobre mi genero (“Mi padre me enseñó que los hombres no lloran” o “Mi madre me dijo que soy una princesa”), seguido de las experiencias que recibimos de la sociedad que terminan resultando como una manera de confirmar lo ya aprendido en casa (“Los hombres deben ser fuertes” o “Las mujeres somos más frágiles”); antes de generar algún tipo de rechazo debo explicar, estos son solamente ejemplos que se han podido observar en grupos de hombres y mujeres promedio dentro de una cultura en específico y sin embargo, a grandes rasgos aun podemos observar algunas de estas ideas en vigencia en varias sociedades.

Por último poseemos las capas internas, las cuales ya caerían dentro del “Inconsciente” es decir, la parte más instintiva del asunto y para explicar el uso de este término en específico, es necesario recurrir un poco a la biología. Como ya fue mencionado anteriormente, hombre y mujer son distintos fisiológicamente, la manera como nuestro cuerpo se desarrolla-comporta difiere gracias a la función de; entre varios otros factores, las hormonas, ya que estas definen ciertas formas de necesidades y estas son, básicas e instintivas, no podemos decirle al cuerpo como desarrollarse para parecer un hombre o una mujer, este ya lo sabe, por ello esta parte “Inconsciente” que nos rige también sabe como adoptar su género siendo más bien, su parte central.

Esta última, resulta la más importante para comprender las ideas que surgen en las siguientes capas ya que, son conceptos universales en cierto grado y por ello las sociedades terminan moldeándose al rededor de estos.

La manera más sencilla de explicar la masculinidad y feminidad arquetípica es mediante símbolos, existe uno en específico que resulta de gran ayuda para tal fin, el Yin-Yang de los chinos engloba de manera precisa la idea del “hombre” y la “mujer” (C.Whitmont, 1978). El principio del Yang representa la experiencia de la energía en su movimiento, los aspectos dinámicos de la fuerza, impulsos, agresividad y excitación. Son las características de la luz, del sol. Se manifiesta en la disciplina y la separación, provoca peleas, crea y destruye, es positivo, entusiasta pero también es restrictivo. (C.Whitmont, 1978). Mientras que el principio del Yin representa la receptibilidad, retiro, calma, oscuro, contenedor, gestación, el mundo en formación, se puede encontrar en el simbolismo de la tierra o la luna, la oscuridad y el espacio, es negativo, indiferenciado y colectivo. (C.Whitmont, 1978).

Es necesario explicar la presencia de las palabras “positivo” y “negativo” en ambas definiciones, la mejor forma de hacerlo es tomando el ejemplo de una batería, posee un polo positivo y uno negativo, sin estos no se podría utilizar la energía guardada. Lo mismo ocurre con los principios del Yin-Yang, son polos opuestos y sin embargo, complementarios. (Wilhelm, 1967).

Se puede observar de manera bastante sencilla los roles que han poseído hombre y mujer desde nuestra vida en sociedad gracias a la explicación del Yin-Yang; siendo la masculinidad la fuerza organizadora y externa (El hombre que sale a cazar y regresa con el alimento) y la feminidad como contención y gestación (La mujer que cuida y crea). La energía masculina es utilizada de manera externa, hacía la acción con el entorno, es de adentro hacia fuera, mientras que la femenina es de afuera hacia dentro, al unir estos dos principios tenemos la creación pura y armoniosa.

La cultura ha tomado estos rasgos como una manera para moldear la manera como vemos el género, siendo el hombre el que es visiblemente activo, parece darle más valor, mientras que la mujer, siendo aparentemente pasiva en sus actos, recibe un estatus más que nada como cuidadora. Y una vez más regresamos a la percepción que esto genera en los individuos “El hombre es fuerte” pues él debe salir para ser valorado, “La mujer es frágil” ya que cuida y debe ser cuidada, el resultado de esto, es una frase que ejemplifica de con exactitud parte de la percepción que se posee en cuanto a los roles; “El hombre construye casas, la mujer las mantiene”. La problemática, como ya fue mencionada anteriormente ocurre cuando empezamos a ver las cosas de manera unilateral, es decir, cuando lo que la sociedad dice, se vuelve una verdad para mí y adoptamos por completo el rol que se nos ha inculcado, ignorando la línea que divide el ser “Masculino/Femenino” de poseer aspectos de ambos logrando un equilibrio.

Trabajos citados

C.Whitmont, E. (1978). The symbolic quest: Basic Concepts of Analytical Psychology. Princeton, New Jersey: Princeton.

Wilhelm, R. (1967). I Ching: The book of changes. Bollingen Foundation.

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Un comentario el “Una cuestión de Género.

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