Ego-Consciencia: ¿Qué es?


Esta es parte de un ensayo que escribí y me encuentro revisando cuyo tema principal ronda en la Consciencia y más precisamente la Ego-Consciencia, término utilizado por la Psicología Analítica que hace un puente interesante entre estos dos conceptos. Una vez más, este texto se encuentra bajo revisión y cualquier crítica es más que bienvenida.

Consciencia es una palabra que se encuentra ya en el jargón popular desde hace algún tiempo, la empleamos cuando nos referimos al entendimiento sobre algo, comúnmente un acontecimiento o hecho ya sea vivido o provocado por nosotros; “Estoy consciente de ello” , o “Hice consciencia sobre”. ¿Pero qué tan correcto es el empleo de esta palabra? Dentro de un ámbito psicológico, considero que, la cultura ha dado un uso adecuado, dependiendo siempre del contexto por supuesto. Si bien Consciencia no es exclusivamente “darse cuenta” de algo, juega un papel bastante importante en ello.

Por eso mismo “hacernos conscientes” es uno de los propósitos si no es que él, propósito de la psicoterapia. O como dirían los Freudianos “Hacer Consciente lo Inconsciente”, es decir, darnos cuenta de aquello que escapa de nuestro campo de visión.  El diccionario de la Real Lengua Española define consciencia como  “acto psíquico por el cual un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo”. Y una vez más no puedo evitar estar de acuerdo parcialmente con tal definición ya que esta es la función primordial de la Consciencia. Mientras que las raíces de esta palabra provienen del latín “Conscire-saber”, es decir “sé que soy parte del mundo y se quién soy”. Otra definición, la podemos encontrar en el Diccionario Internacional de Psicología la cual dice lo siguiente: “Consciencia: Poseer percepciones, pensamientos y sentimientos; alerta”.

En esta definición podemos encontrar que lo importante en la consciencia, es la experiencia (J.Chalmers, 1996), o sea, las situaciones mediante las cuales su función “perceptiva, pensante y sentimental” se manifiestan. Curiosamente, vemos la palabra “alerta” en esta definición, aquí nos encontramos a una visión más mecanicista (en cierto grado) de la Conciencia, siendo vista más que nada como un estado de vigilia, es decir, si no estoy alerta, no estoy consciente ya que, consciencia es como la definición de la RLE explica “el acto mediante el cual me percibo”.

¿Y cómo nos percibimos? La primera experiencia formadora de consciencia es sin duda la corporal, que se vive a través de los sentidos (tacto, olfato, audición, visión, placer y dolor), de esa manera empezamos a moldear en cierta forma al mundo que nos rodea además de identificarnos como parte de él (C.Whitmont, 1978).

Pero más allá de la experiencia corporal, la consciencia también posee funciones psicológicas. Estas funciones son “Vigilia“; capacidad de procesar la información de manera racional. “Introspección”; el conocimiento de eventos mentales (pensamientos, imágenes mentales). “Reportabilidad“; capacidad de expresar los eventos mentales de manera verbal. “Auto-Consciencia“; función por la cual me distingo de los demás. “Atención“; cuando las funciones mentales se enfocan en particularidades específicas del entorno. “Control Voluntario“; comportarse de acuerdo a los propósitos y situaciones. “Conocimiento“; reconocer los hechos o aceptar la experiencia (J.Chalmers, 1996).

Estas funciones; corporales y psicológicas, formarían lo que conocemos como consciencia. Si lo vemos de una manera amplia y general, el diccionario de la RLE da una definición acertada siendo la Consciencia, la formadora de la personalidad en cierto grado, o donde se llevaría a cabo la interacción “I-Thou” o “I-It” de Bubber1.

Ego-Realidad.

Así llegamos al concepto que, la consciencia es a grandes rasgos la idea de un Yo (Ego en latín). Poseyendo las mismas funciones que tal concepto psicológico intenta explicar, es decir; el Ego es la sensación de quién soy y dónde estoy, junto a las experiencias que han sido absorbidas por la persona durante el transcurso de su existencia. Pero la idea del Ego como Consciencia termina convirtiendo esta particularidad de la experiencia humana en algo un poco más complejo de lo que se piensa.

Ya que el Ego se forma como ya fue mencionado por las experiencias sensitivas-corporales del individuo, esto significa que nuestra idea sobre el exterior se ve influenciada enormemente por lo que hemos experimentado durante la formación de nuestra Consciencia. Este trabajo de formación se encuentra en medida a cargo de los cuidadores originales, o sea, los padres. Lo que vivimos como placentero o doloroso, además de las demandas culturales moldean aquello que debemos ser, nos agrada o desagrada.

Este proceso lo podemos observar en la filosofía Budista, mediante el estudio del Abhidharma, donde la Forma es la manera mediante la cual nos relacionamos con el mundo externo, nos aferramos a aquello como si fuese realidad, desconociendo el límite preciso donde empiezan las funciones internas y dónde concluyen las externas. En segundo podemos ver la Sensación, propone el criterio dualista; donde resumimos la realidad en base a “agradable” o “doloroso”, siendo sentimientos o sensaciones corporales (Trungpa, 2008). Podemos explicar la Forma, como el estado primario donde se categorizan los conceptos y aquello que me pertenece o es ajeno a mí, para la Psicología Budista, es en este estadio donde se forman los problemas psicológicos y surge la neurosis. El segundo estadio de Sensación, cumple la función de concretizar en cierto grado los conceptos de la Forma con las experiencias propias. La Neurosis surge con la desidentificación de las funciones internas de la “Consciencia” y una suerte de fijación con el objeto externo.

Entonces viene la problemática con la cual las filosofías orientales se han propuesto a trabajar; ¿Cuál es la realidad? Si percibimos las cosas según nuestra experiencia y cada individuo percibe las cosas de manera distinta. Carl Jung, habla justamente sobre esa problemática, donde la llama “unilateralidad” del Ego, es decir, las percepciones y sensaciones provienen únicamente del Yo y las experiencias vividas por él. Schopenhauer describe esta idea mediante la representación, esta se da en la consciencia y es la manera condicionada donde solo “conocemos lo que conocemos”, es decir, solo podemos identificar aquello que hemos experimentado mediante nuestros sentidos y condicionamiento (Schopenhauer, 2010).

Si hablamos de la Unilateralidad del Ego-Consciencia, regresaríamos a la idea propuesta inicialmente por el Abhidharma de dualismo. A pesar que, lo dicho por este escrito budista se centra más en la experiencia de “dolor, placer”, en este caso podríamos aplicarlo en la relación existente entre el Ego y la “parte ignorada” que propone Jung.

Fuentes:

C.Whitmont, E. (1978). The symbolic quest: Basic Concepts of Analytical Psychology. Princeton, New Jersey: Princeton.

J.Chalmers, D. (1996). The Conscious Mind. Santa Cruz: Oxford University Press.

Schopenhauer, A. (2010). El mundo como voluntad y representación. España : Alianza Editorial.

Trungpa, C. (2008). Psicología Budista: Reflexiones sobre el Abhidharma. Barcelona: Editorial KAIROS.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s